martes, 1 de mayo de 2012

Noctambulo

La noche solitaria era su único cobijo, las estrellas le hacían compañía como cual niño necesita de alguien que siempre este con él, una luna sobre protectora figuraba arriba de él como si se tratase de un gran centinela a la espera de cualquier acontecimiento, nada más se lograba vislumbrar a su alrededor. Se encontraba sentado en el marco de aquella ventana derruida por el tiempo y las inclemencias de la vida, de la cual solo quedaban pedazos de vidrios que servían de remembranza para contar lo bella que fue algún día. Él simplemente observaba a la nada, ese panorama que tanto le atraía y que tanto sufrimiento le causaba, una vida llena de vacío, -gran ironía- eran las palabras que siempre cruzaban por su mente al recordar aquella vida que una vez tuvo, o que quizá solo creyó tener.
Aquel edificio en ruinas era su favorito, habiendo visitado tantos otros lugares lujosos y con todo lo necesario para su comodidad, siempre prefería aquel edificio y esa ventana que le recordaba lo bella que fue esa época en que solía ser un majestuoso ventanal y no los restos en los que se había convertido.

Su fiel amiga la noche, su confidente; siempre la noche era aquella que tenía el privilegio de observar ese corazón puro, esos sentimientos sin mascaras, aquellas emociones cargadas de sueños y esperanzas... [continuará]

miércoles, 11 de abril de 2012

Hablando de caminantes nocturnos.

Era una noche tranquila, la claridad del cielo nocturno solo era interrumpido por algunas nubes que deambulaban por aquel manto nocturno, como ovejas que se habían separado del rebaño; una claridad magistral a causa de la luna, una luna llena en su máximo esplendor casi cual pintura de algún artista famoso de antaño expuesta en una galería durante su debut. Él caminaba por las calles, observando aquella sombra solitaria que se adelantaba a cada paso que daba, como si en un intento fallido quisiera escapar de su propio dueño, él sonreía ante aquel pensamiento que le inundaba la mente. Una esquina, como todas las demás por las que antes había pasado; una pequeña diferencia que pasó por alto, ella estaba en aquella esquina sin esperar a nadie, solo observando a aquellos caminantes nocturnos, era su pasatiempo favorito, observarlos en silencio desde aquella esquina, sin decir nada, sin hacer nada más que observarlos, mirar como pasaban ante ella y de ella sin siquiera notarla. Una noche cualquiera, una caminata como cualquier otra, una chica más en la calle por donde él pasaba. Un choque de miradas que habrían hecho que la luna dejara de resaltar tanto, dos segundos en los que el mundo y el universo dejó de existir. Un suspiro, una pausa en el andar y un momento en que no hubo nada más. Una sonrisa, un dejo de vergüenza por haber resaltado ante los demás, un momento fuera de lo cotidiano. El inicio de toda una historia y de una aventura de la cual nadie esta preparado, una vida junto con alguien, dos personas tan cercanas sin saberlo pero tan distantes por su misma realidad, ella pensaría en el desde ese momento pues su mirada se fundió con la suya, y él la verá en todas partes pues se quedo grabada en sus pupilas y no hay manera de borrarla. Una historia más de amor que solo ha durado un par de segundos, una vida que se formó a lo largo de ese choque entre sus miradas, un sentimiento que fue el reflejo de dos enamorados que viven la mayor aventura de su vida hasta que él de el siguiente paso en su andar y sus miradas se separen y dejen que el universo continúe moviéndose y el mundo siga con su curso natural, acelerándose un poco puesto que tiene que recuperar el tiempo que aquellos amantes han desequilibrado por aquella eternidad que solo ellos sabrán cuanto ha durado.