martes, 1 de mayo de 2012

Noctambulo

La noche solitaria era su único cobijo, las estrellas le hacían compañía como cual niño necesita de alguien que siempre este con él, una luna sobre protectora figuraba arriba de él como si se tratase de un gran centinela a la espera de cualquier acontecimiento, nada más se lograba vislumbrar a su alrededor. Se encontraba sentado en el marco de aquella ventana derruida por el tiempo y las inclemencias de la vida, de la cual solo quedaban pedazos de vidrios que servían de remembranza para contar lo bella que fue algún día. Él simplemente observaba a la nada, ese panorama que tanto le atraía y que tanto sufrimiento le causaba, una vida llena de vacío, -gran ironía- eran las palabras que siempre cruzaban por su mente al recordar aquella vida que una vez tuvo, o que quizá solo creyó tener.
Aquel edificio en ruinas era su favorito, habiendo visitado tantos otros lugares lujosos y con todo lo necesario para su comodidad, siempre prefería aquel edificio y esa ventana que le recordaba lo bella que fue esa época en que solía ser un majestuoso ventanal y no los restos en los que se había convertido.

Su fiel amiga la noche, su confidente; siempre la noche era aquella que tenía el privilegio de observar ese corazón puro, esos sentimientos sin mascaras, aquellas emociones cargadas de sueños y esperanzas... [continuará]

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